viernes, 14 de septiembre de 2007

Impresiones del Cabo de Gata

Hola a todos. Otra vez aqui y a la contra de los Joses y otros muditos, yo me encuentro sobrada estos dias. No es para menos, después de las experiencias vividas en menos de dos meses. He mandado este comentario por correo, pero me parece bien trasladarlo aqui, para la posteridad de nuestra magnífica pagina web - muchas gracias, Venan- Y por cierto, cuando volqueis aqui algún comentario, poner el nombre, ya que no sale automáticamente, como en el outlook.

"Parece olvidada del mundo y del progreso. Sin embargo, el poderío financiero de banqueros y constructores va engullendo peligrosamente todo lo que aún es puro y salvaje en esta tierra, poniendo su impronta urbanística en las laderas de unas montañas que hace unos años eran absolutamente vírgenes, inhóspitas, donde el aire cálido y seco del desierto coquetea con la espuma de un mar transparente y misterioso que lo besa en cada latido de sus olas. En estos parajes puedes ver un mar donde los peces nadan todavía a salvo de la contaminación, que se comprueba en la contemplación de sus aguas cristalinas fundidas en la lejanía con el azul turquesa más intenso que he visto nunca.
Antes de esta apreciación, que fue haciéndose hueco al final del viaje, la impresión de mi entrada al parque Natural del Cabo de Gata fue completamente espectacular, al descubrirse -después de un triste e interminable mar de plásticos de cultivos-, un paisaje mágico que parecía no ser propio de mi tiempo y mis espacios más cercanos. Estaba anonadada ante el desierto inmenso y poderoso que se abría ante mis ojos. Pero no, no estaba en territorio egipcio, ni marroquí, ni en Sudán, estaba en Almería, Andalucía, España, mi tierra, mi país. Los colores de fuego de sus montañas volcánicas estallaban armoniosas en la piedra quemada por el sol que fundía la roca hasta convertirla en el polvo más diminuto y blanco posible , cayendo sobre la tierra seca y agotada donde apenas se sostienen matojos y cactus que, en su desesperada generosidad, intentan aliviar el duro golpe de una visión que elimina toda forma de vida sobre este suelo. Durísimo. Tierra agrietada, seca y hostil para cualquier humano que pretenda sacar provecho de ella. Es por ello que hace unos años la abandonaron en su miseria mineros y agricultores.
Pero el mar está cerca, tan cerca que se puede tocar, besar, fundirte en su evaporación fresca y salada. El mar hermoso, amigo y amable transportando la brisa y el viento del húmedo y cálido Mediterráneo. Ahh ..Dios... Qué mar... Su color azul de cielo va cambiando tonalidades hasta llegar a la orilla donde el agua rompe estrepitosamente las corrientes del Levante en una inmensa y alargada sonrisa de espuma blanca y primorosa. Junto a las rocas se transforma en cristal y devuelve a los ojos matices esmeraldas que reflejan el fondo de un mar limpio y virgen de cualquier violación contaminante, tan tristemente padecida en las costas vecinas. Si. Esta tierra, todavía conserva cierto grado de virginidad, de naturaleza viva y real, de magia y misterio. No en balde fue tierra de piratas y en sus hermosas calas aún permanecen fortificaciones y atalayas que hablan de historias de ataques, pillaje, sangre y defensa. Cala del Cuervo, Cala del Toro, Cala de Enmedio... Calas pequeñas y casi inaccesibles, calas que por su dificultad, han podido conservar su belleza y su privilegiada soledad.
El acceso a estos hermosos y solitarios rincones se realiza por caminos estrechos y serpenteantes que pasan de un valle a otro sin otro medio que tus propias piernas y esfuerzo. En el trayecto, hay sonidos furtivos, oscuros, indecisos. Los pequeños habitantes de las rocas se sorprenden ante la osadía de unos gigantes de piernas inmensas que se entrometen sin permiso en su territorio y buscan desconfiados y prudentes el refugio de oquedades y sombras de piedras amigas. Las lomas no son altas, pero el sol castiga desde temprano y tienes asegurada una sed intermitente y el látigo de su golpe de calor que tiene su recompensa en la llegada a una playa de arena fina, blanca y brillante que te invita a desnudarte de ropas y miserias para dejar el cuerpo y la mente entregados al beneplácito del sol, eso si, siempre y cuando antes te hayas aliviado con unos cuantos remojones en un mar tan cristalino y fresco que te invita a estar horas y horas a merced de las olas que caían aplastadas sobre la orilla.
Y el silencio.. Dios, qué silencio.... sólo se rompía por mi respiración y el sonido del mar abrazando a las rocas donde me encontraba ensimismada e inmóvil. Comunión perfecta con el mar, con el viento, con la tierra, con las sombras, con el cielo.
También he visto oasis. Oasis como los que incorporaba a mis sueños de hermosos y valientes guerreros de la lejana Arabia. Oasis junto al mar, verdes, muy verdes, con palmeras y sombras acogedoras, con aguas subterráneas que en algún momento de la primavera y ayudadas por las escasas lluvias que vienen a caer en este sequedal, saldrá a la superficie y desbordará la rambla en fuertes torrenteras alfombrando por unos días la tierra de flores amarillas, rojas y violetas. Ohhhh qué imágenes. Palmeras danzarinas, playas solitarias, aguas transparentes, desierto de fuego y flores de vida... Debe ser un espectáculo magnifico y excepcional. Allí, con mis pinturas, intenté recoger ingenuamente los perfiles de una costa que perdía el color deslumbrante de la mañana para convertirse suavemente en amables luces malvas. Tonos de fugas. Tonos de reposo y cobijo.
En la costa hay pueblos luminosos, pequeños y blancos donde se coge el pescado fresco del día y se vende directamente a los vecinos. La hermosa Isleta del Moro mantiene aún la identidad y pureza con su tierra al tener el privilegio de no contar con una playa hermosa que atraiga a los depredadores del suelo y el mar. Aquí sigue existiendo Calabuch, pero mejor no mentarlo mucho. Es posible que la compren pronto y la perviertan. Algunos de estos pequeños pueblos ya van adaptando su vida a la llegada del turista rico, quizá hartos ya del bocadillo y mochila del caminante y aventurero explorador, y en sus laderas puedes ver con tristeza la tierra agonizante y perdida entre excavadoras y escombreras que, en pocos meses, alojará viviendas de alto nivel adquisitivo donde, de forma inexplicable, aparecerá una piscina junto al tanque de reparto de agua potable que de forma racionada se facilita a la población. Paradojas, injusticias, disparate... La historia del mundo.
Por eso hoy me siento afortunada. Estos días he podido fundirme con la naturaleza en su estado salvaje a tan sólo unos kilómetros de mi casa. Este lugar tiene algo especial y es posible que no tarden en espantarlo. Da un poco de miedo hablar de la belleza y encantamiento que desborda porque sabes que su publicidad atraerá gente de todo tipo, alguna sin respeto, sin escrúpulos y ensombrecerá la imagen conectada con el principio de la vida que he traído conmigo a Madrid
Pero a mis amigos no puedo ocultarlo. Claro que no. Por eso os propongo plantearnos un viaje por estas zonas en la próxima primavera. Temporada baja, playas desiertas, montañas poderosas, campings, bungalows, caminos de flores en el desierto... En fin … Esto es solo para ir abriendo boca. Pensadlo, antes de que lo destrocen.

Clara el 10 de septiembre de 2007

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